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La bestia no se deja ver tan facil.

Nadie sabe con certeza cuando aparecerá en esta tierra selvática, frondosa, húmeda y calurosa.
La naturaleza se expone rotunda e implacable en incontables variantes de verde. 
Pareciera que este tren al que llaman La bestia quisiera ser parte de esa naturaleza y compartir esa rotundidad y el carácter impredecible y arrebatador que tienen los fenómenos naturales,  como el del huracán “Stan” que hace 5 años arrasó carreteras, puentes y pueblos enteros modificando entre otras muchas cosas el punto de partida de La bestia que, de estar en la frontera misma con Guatemala, ahora está 280 Km al norte, en el pueblo de Arriaga.

La bestia es un tren de carga al que se suben los migrantes llegados de Centroamérica con rumbo a los Estados Unidos. No es un tren de pasajeros, por lo tanto se viaja en el techo y en los huecos que hay entre los vagones. Días y noches. Los migrantes se encuentran con un camino de miles de kilómetros que zigzagea por todo el ancho de la geografía Mexicana, con diferentes paradas que hacen que su travesía dure semanas o meses, en el mejor de los casos, ya que por desgracia la mayoría son secuestrados, extorsionados, violados o directamente asesinados (Más de 400,000 migrantes centroamericanos ingresan cada año a México, y según un estimativo de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, unos 20.000 son secuestrados).

En esta zona de paso de los migrantes al sur de México en el estado de Chiapas, a poca distancia del Océano Pacífico,  la frontera que nos dictan los mapas tiene forma de río y durante buena parte del año se cruza caminando bajo el calor húmedo que se vuelve sofocante desde las 11 de la mañana y hasta bien caída la tarde. Como la frontera del río Suchiate, los muchos controles migratorios en la carretera Panamericana son igualmente traspasables, pero esto ya depende del soborno.

Hay dos pasos fronterizos oficiales entre México y Guatemala, con decenas de policías migratorios, sus puentes de hormigón y algunas siluetas pasando sobre él.
A lo largo de todo el río hay miles de pasos no oficiales, pero especialmente debajo de estos puentes oficiales, donde navegan las personas y sus mercancías sobre llantas de camión infladas y arrastradas a pie por jóvenes que por 5 pesos te pasan a la otra orilla. Desde la mañana a la noche es un constante ir y venir de gente y productos de todo tipo a ambas orillas de la frontera. Arriba en el puente oficial, los indumentados hacen como que no ven todo lo que se cruza justo debajo de ellos y piden 260 pesos a todo el que no es mexicano en concepto de tasa de “No Migrante”. Toda lógica o razonamiento que importes contigo, no será muy útil aquí.

Desde Honduras, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y también desde algunos países de Sudamérica se apelotonan a diario centenas de migrantes cargados de ilusiones en la vieja estación de ferrocarril de Arriaga.
Cosultados vecinos y autoridades del lugar nos dicen que el tren llega cada dos días y parte  al día siguiente de su llegada, a las 7 de la mañana. 
Nunca se cumplió en las 5 veces que visitamos Arriaga para verlo. Parece que anhelaran esa exactitud que quizá antaño o en las peliculas, tenían los trenes. Este tren actúa a su antojo, juega un papel importante y provechoso para algunos, es la primera frontera real para los migrantes centroamericanos. 
La bestia comienza la ardua tarea unir el sur con el norte. La realidad de la que se huye con la tierra de los sueños. Entre esos dos puntos se extiende el hilo que teje “más o menos cada dos días” la aguja que es esa locomotora de  La Bestia.

En los pocos kilómetros que han recorrido al llegar a México los migrantes que viajan a pie sobre la vía de tren abandonada, ya han sido asaltados y han perdido todo lo que tenían antes de siquiera llegar a subirse al tren, incluso la ropa. Llegan al tren pidiendo dinero y algo de comer y por lo general no hacen mucho ruido. 
Dicen no tener miedo de la bestia, pero a algunos no se les va esa mirada perdida de la cara. Han escuchado muchas historias sobre la bestia,  y en los pocos albergues por donde han pasado, ya han visto a muchos  migrantes que lo han intentado antes, con un brazo o una pierna amputada..a veces las dos. 
Se caen del tren de puro cansancio o los empujan los mismos migrantes que actuan infiltrados para los “zetas”, el brazo armado de los Narco.
Los “zetas” les roban, les secuestran y si ven que tienen contactos en EEUU les extorsionan pidiendo rescate por ellos. Mientras este no llega en algunos casos les explotan haciendoles trabajar para ellos, a las mujeres las violan repetidas veces , en otros casos les torturan y hasta envían algún dedo a sus familiares si ven que se resisten a pagar. A muchos les acaban matando.

Se sabe que en muchos casos es la propia policía mexicana quien ejerce de “Z”.

Gerardo, migrante Hondureño fué deportado de los EEUU después de 10 años viviendo de ilegal, lo pusieron del otro lado de la reja en Tamaulipas, en la frontera norte. Allí lo Secuestraron los “Zetas” durante 6 dias. Acaba de salir del hospital, llegó a este albergue de Tapachula ayer. Dicen aquí que lo machetearon. El no quiere recordar ese episodio. 
Con una serenidad insólita nos confiesa: “me vuelvo a Honduras, me quiero ir de este país, no es rencor, es solo que aquí me ha pasado lo peor que he sufrido en mi vida” -y apunta- ” esta es una guerra entre dos bandos (Gobierno y Narcos) y nosotros estamos en medio,…nosotros solo queremos que nos dejen cruzar el país para llegar al norte”.

Comprobamos que el gobierno de México, interesado en lavar su imagen en este tema, ha creado unas brigadas de atención al migrante cuya labor es rastrear determinados puntos de la ruta para darles agua y galletas. No van armados ni pueden salir después de caer el sol. Pilotan unos fantásticos Jeep anaranjados, son extremadamente atentos con nosotros y ejercen de perfecto apoyo para todos los periodistas, documentalistas y cineastas que vienen aquí a interesarse por el tema. Nos llevan de ruta en sus Jeep, y como si de un safari se tratara de pronto hasta uno siente que en algun momento aparecerá la presa ahí mismo tras esos matorrales .. o quizá solo su cuerpo.

Óscar Rodríguez. Chiapas 2011

Esta foto al pié no es un montaje. 
El gobierno mexicano a veces escoge los lugares menos oportunos para situar sus caravanas propagandistas para "vivir mejor".